Historia de Tenerife

Periodo prehispánico

Las Islas Canarias estaban habitadas antes de la conquista europea por distintas poblaciones que popularmente se han venido conociendo como guanches (término que, si bien hacía referencia exclusivamente a los antiguos habitantes de la Isla de Tenerife, se ha extendido para denominar a los antiguos habitantes de todo el archipiélago).

Los antiguos habitantes de Canarias eran un pueblo entroncado con los antiguos bereberes del norte de África. Hasta mediados del siglo XX, algunos investigadores defendieron una teoría que vincula a las poblaciones bereberes con los germánicos; sin embargo, esta teoría es rechazada actualmente por historiadores y antropólogos. En cuanto al poblamiento de las islas, las teorías más aceptadas en la actualidad son aquellas que defienden que estas poblaciones fueron traídas o bien por los fenicios o bien por los romanos. Otra hipótesis indica que existieron sucesivas oleadas migratorias producidas primero por la desertización progresiva del desierto del Sáhara y después por la presión del Imperio romano sobre el norte de África. Además, tanto el tipo humano como las raíces lingüísticas apuntan a una casi segura procedencia bereber. En todas las Canarias existen topónimos de clara ascendencia bereber o tamazight (Tegueste, Tinajo, Tamaraceite o Teseguite).

Las principales actividades económicas de estas poblaciones eran el pastoreo, la agricultura, la recolección de frutos y bayas y el marisqueo en las costas.

Conocimiento de Canarias por parte de los europeos. Es difícil separar los relatos de los mitos oceánicos de la antigüedad y las referencias directas a las Islas. En la Antigüedad Clásica el Atlántico era el límite del mundo conocido y los relatos míticos sobre los Campos Elíseos o el Jardín de las Hespérides se mezclan con los conocimientos geográficos de la época. Las citas más antiguas son dudosas y probablemente hacían referencia a distintos puntos del Mediterráneo occidental y de la costa atlántica norteafricana. Las islas Canarias aparecen ya citadas en textos romanos (Plinio el Viejo), si bien posiblemente ya fueran visitadas por los fenicios en busca del garum y tintes rojos vegetales como la orchilla (aunque algunos historiadores rechazan esta teoría). Posiblemente, las islas fueron descubiertas por primera vez por el explorador cartaginés Hannón el navegante en su “Periplus”, el primer viaje de circunvalación africano, en el año 570 a.C. El primer documento escrito con una referencia directa a Canarias se debe a Plinio el Viejo, que cita el viaje del Rey Juba II de Mauritania a las islas en el 40 a.C, y se refiere a ellas por primera vez como Islas de los Afortunados (Fortunatae Insulae). En este documento también aparece por primera vez el término Canaria utilizado probablemente para hacer referencia a la isla de Gran Canaria. De acuerdo con Plinio, este nombre le fue dado a la isla en memoria de dos grandes mastines que los enviados de Juba capturaron allí y llevaron posteriormente a Mauritania (el actual Marruecos), y que aparecen representados a ambos lados del actual escudo de Canarias. Esta historia, no obstante, tiene algunos visos de no ser exacta, entre otras cosas porque se sabe que a la llegada de los castellanos y otros navegantes europeos posteriores, las razas de perro nativas del archipiélago eran de pequeño tamaño, al igual que las cabras de los guanches. Actualmente algunas teorías lo relacionan con el etnónimo norteafricano «Canarii»[cita requerida], grupo bereber que se ubicaba en la zona noroccidental africana. De hecho el propio Plinio menciona en otro texto a los «Canarii», y si bien de nuevo vuelve a relacionar este término con los perros. El historiador José Juan Jiménez defiende que el término «Canarii» alude a la existencia de lobos marinos.

El geógrafo hispanorromano Pomponio Mela las situó por primera vez con exactitud en un mapa, y Plutarco fue informado por el general Sertorio de la existencia de las islas, a las que este último pensó en retirarse desde España por sus problemas políticos.

Durante mil años, entre los siglos IV y XIV, las islas parecen desaparecer de la historia. El único testimonio documental de esta época, muy dudoso, es el famoso viaje de San Borondón, cuya leyenda se extendió durante siglos por la Europa cristiana. Durante la Edad Media fueron visitadas por los árabes. En el siglo XIV se produce el redescubrimiento de las islas. Se produjeron numerosas visitas de mallorquines, portugueses y genoveses. Lancelloto Malocello se instala en la isla de Lanzarote en 1312. Los mallorquines establecieron una misión en las islas con un obispado, que permaneció desde 1350 hasta 1400, y del cual proceden algunas imágenes y tallas de vírgenes que actualmente son veneradas en las islas y que anteriormente lo fueron por los guanches.

Conquista y colonización de las Islas Canarias:  Durante los siguientes 50 años, con el permiso papal y el apoyo de la corona castellana, se organizan varias expediciones en busca de esclavos, pieles y tintes. Juan I de Castilla participa en el lucrativo comercio de esclavos con Canarias. La carrera definitiva hacia la conquista comienza con la bula papal de Clemente VI en 1344. El infante Luis de la Cerda, pariente de los reyes de Castilla y Francia, recibe el señorío de las islas Afortunadas con el título de Príncipe de la Fortuna. Le son concedidos todos los demás derechos reales, incluida la facultad de batir moneda, y el patronato de las iglesias y monasterios que construyese, aunque las disputas entre las coronas castellana y lusa impiden que llegue a tomar posesión.

En 1402 se inicia la conquista de las islas con la expedición a Lanzarote de los normandos Jean de Bethencourth y Gadifer de la Salle, sujetos al vasallaje de la Corona de Castilla y con el apoyo de la Santa sede. La conquista normanda aparece en la crónica Le Canarien.

Entre 1448 y 1459 se produjo una crisis entre Castilla y Portugal por el control de las islas, cuando Maciot de Bethencourth vendió el señorío de la isla de Lanzarote al príncipe portugués Enrique el Navegante, lo cual no fue aceptado por los nativos y castellanos residentes en la isla que iniciaron una revuelta que expulsó a los portugueses.

La Palma, Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro fueron conquistadas bajo el régimen de empresa en la que el conquistador sufragaba por sus propios medios la campaña como vasallos de la corona y adquiriendo el señorío sobre las mismas, que incluye la jurisdicción ordinaria sobre ellas. Gran Canaria fue conquistada directamente por la Corona de Castilla, que envió al capitán Juan Rejón y culminó Pedro de Vera en 1483. En 1496 culmina la conquista de Tenerife y las islas Canarias quedan incorporadas a la Corona de Castilla.

La conquista de las Canarias, que llevó casi cien años (distinguiéndose dos etapas, una de señorío y otra de realengo), es el precedente de la conquista del nuevo mundo, basada en la casi erradicación de la cultura local, una rápida asimilación al cristianismo y en el mestizaje genético de colonizadores y nativos. Hasta 1498 no se promulgó la prohibición papal de comerciar con esclavos en Canarias. El puerto de Las Palmas (actual puerto de La Luz y de Las Palmas) fue uno de los grandes mercados de esclavos (negros y berberiscos) después de Sevilla.

Una vez concluida la conquista de las islas y pasando a depender éstas de la corona de Castilla, se impone un nuevo modelo económico basado en el monocultivo (en un primer momento la caña de azúcar, y posteriormente el vino, teniendo una gran importancia el comercio con Inglaterra). En esta época se constituirán las primeras instituciones y órganos de gobierno (cabildos y concejos).

En Canarias se va a imponer también un régimen fiscal especial distinto al castellano que favorecerá el comercio con el exterior. Canarias también será la única excepción al monopolio de la Casa de la Contratación, pudiéndose comerciar directamente con América desde las islas, si bien con limitaciones.

A partir del siglo XVI la economía canaria estará más ligada a Inglaterra y al Norte de Europa que a la Península Ibérica, situación que se mantendrá hasta la Guerra Civil Española en 1936.

El Antiguo Régimen

El término Antiguo Régimen define a la etapa histórica anterior a la Revolución francesa de 1789. El Antiguo Régimen se identifica con los valores del absolutismo, la sociedad estamental, estructurada sobre los privilegios de sangre y la pervivencia de elementos feudales, y una organización económica precapitalista de base agrícola y ganadera.

Se suele identificar con Edad Moderna. Por tanto el Antiguo Régimen comprendería un periodo de aproximadamente tres siglos, entre 1492 y 1789.

La conquista de Canarias concluyó en 1496. Desde aquel momento, las islas se incorporaron plenamente al área cultural europea. Sus referentes políticos, sociales, económicos y culturales serán desde entonces los de Castilla. Su desarrollo histórico estuvo ligado a los destinos de la Corona Española.

La población

A mediados del siglo XVI, la población del conjunto de las Islas Canarias, no superaba los treinta y cinco mil habitantes. Esta población se concentraba principalmente en las islas de Gran Canaria y Tenerife (aproximadamente las tres cuartas partes de total).

Tenerife era la isla más poblada con una población entre nueve y diez mil habitantes, de los que unos dos mil quinientos serían descendientes de los antiguos guanches y aborígenes de otras islas, especialmente grancanarios y gomeros, y esclavos africanos, tanto berberiscos como negros, y el resto eran sobre todo portugueses y castellanos, y también grupos de genoveses, flamencos, franceses, judíos, etc. A finales de aquel siglo la población ascendía a algo más de veinte mil habitantes.

En Gran Canaria se aprecian dos fases diferenciadas marcadas por un crecimiento inicial y luego por un estancamiento poblacional para la segunda mitad del siglo XVI. A principios de siglo vivían menos de tres mil habitantes en la isla, población que aumentará hasta las ocho mil personas en torno a 1550, este crecimiento debe agradecerse a la inmigración desde la Península (tanto Portugal como Castilla) así como a las importaciones de esclavos desde África y por supuesto al crecimiento natural, todo ello al amparo de la expansión de la economía azucarera. Pero a finales de dicha centuria la población apenas rebasaba aquella cifra y de hecho a principios del XVII incluso cae hasta los seis mil habitantes, siendo superada en este concepto por La Palma. Las causas de este estancamiento y luego retroceso fueron las destructivas invasiones piráticas de los años 90, las epidemias, las malas cosechas y la emigración causada por la crisis económica desencadenada con el fin del ciclo azucarero.

El resto de las islas presentaban los siguientes registros poblacionales a finales del siglo XVI: La Palma, 5.580 habitantes; La Gomera 1.265 habitantes; El Hierro, 1.250; Lanzarote menos de mil y Fuerteventura unos 1.900 habitantes.

El siglo XVII fue, a diferencia de lo que ocurría en los territorios peninsulares de la Corona, un periodo de crecimiento demográfico. Se pasó de algo menos de 41.000 habitantes en 1605 a 105.075 en 1688, concentrando las Canarias occidentales alrededor del 70 por ciento, mientras que en las Canarias orientales vivían en torno a 30.000 habitantes. Tenerife, con algo más de 50.000 habitantes y Gran Canaria, con 22.000 habitantes siguen siendo las islas más pobladas. De las islas menores, La Palma era la única que superaba los 14.000 habitantes. El resto de las islas experimentaron importantes crecimientos, alcanzando cifras en torno a los cuatro mil habitantes para cada una de ellas.

La causa de este desigual crecimiento se debió al auge económico que conocieron Tenerife y La Palma, gracias al desarrollo de la actividad vitivinícola, objeto de una fuerte exportación. Sin embargo, las Canarias orientales, singularmente Gran Canaria sufrió los efectos del colapso del ciclo azucarero, los embates de los ataques piráticos, las epidemias y la emigración hacia Tenerife y La Palma. Todo lo cual explica su estancamiento demográfico del que sólo podrá empezar a salir a partir del último tercio del siglo.

El crecimiento demográfico continúa durante el siglo XVIII. Globalmente la población del archipiélago pasa de 105.075 a finales del siglo XVII, a 194.516 en el año 1802. El reparto de la población es desigual; más de dos tercios se concentraban en Tenerife y Gran Canaria, las islas más prósperas, mientras que El Hierro no incrementa la población en todo el periodo. A diferencia de lo ocurrido en los siglos anteriores, el incremento benefició especialmente a las islas orientales, puesto que las occidentales sufrieron los efectos de la crisis del vino, cuyo efecto inmediato fue la intensificación de la emigración hacia América.

La Sociedad

La sociedad canaria de esta época presentaba las características propias de las sociedades europeas: mayoría de campesinos, generalmente sin tierras, privilegios para las élites nobiliarias y eclesiásticas, existencia de un numeroso clero regular y la existencia de esclavos.

La nobleza estaba representada por los descendientes de los dirigentes de la conquista. Su poder económico descansaba en la posesión de amplios dominios territoriales y en la exportación de productos como el azúcar durante el siglo XVI y el vino durante el siglo XVII. Los ingresos así obtenidos los destinaban a la adquisición de bienes suntuarios, tierras o a obras pías. Controlaban el poder político y militar y se concentraban en las principales poblaciones de las islas centrales (Las Palmas de Gran Canaria, La Laguna, La Orotava, etc.). Constituyeron un grupo cerrado, fuertemente endogámico, aunque establecieron alianzas familiares con la burguesía, generalmente de origen extranjero, asentada en las islas.

El clero era abundante. Durante el siglo XVI y XVII se establecieron numerosas órdenes religiosas, gracias al patrocinio de los nobles y de la burguesía comercial. Esta abundancia viene atestiguada por la abundancia de conventos en las principales ciudades y villas de las islas, como fueron los casos de La Laguna, Las Palmas, La Orotava, Telde, Garachico, Santa Cruz de La Palma o Teguise. El clero estaba exento de pagar impuestos y recibía de los campesinos el diezmo. No obstante, de éste se beneficiaba el alto clero (obispo, canónigos, deanes), mientras que el bajo clero vivía en las mismas condiciones que la mayoría de la población. Esta población ociosa debía ser sostenida por el resto, por lo que constituía, la mayor parte de las veces, una carga económica, especialmente durante los abundantes periodos de crisis sufridos durante estos siglos.

El Tercer Estado. Estaba integrado por un conjunto heterogéneo de personas diferenciados entre sí por su nivel de ingresos y por la ocupación laboral, pero compartían la obligación de pagar impuestos y quedar excluidos (salvo excepciones) de los oficios de mérito (cargos políticos y administrativos y la dirección de la milicia. Se distinguían los siguientes grupos: a) La burguesía, integrada mayoritariamente por extranjeros asentados en Canarias y relacionados con la producción y la exportación del azúcar y el vino. Su posición económica y social era elevada y generalmente tenía una estrecha relación económica y familiar con la nobleza dirigente. b) Campesinos. Representaban más del ochenta por ciento de la población. Presentaban diferencias respecto a su relación con la tierra que trabajan (medianeros, jornaleros). Su situación vital se caracterizaba por la incertidumbre ante las malas cosechas, el hambre, las epidemias, etc. c) Artesanos. Su número fue reducido dado el escaso peso de las manufacturas en Canarias y la tendencia a la autosuficiencia de la población. Algunas actividades especializadas, como era la de los toneleros, herreros o carpinteros, etc., eran las más habituales. Solían vivir en los núcleos urbanos. d) Población marginal. Dentro de este grupo se solían integrar profesiones deshonrosas como eran la de verdugos, carniceros y parteras, así como los vagabundos y mendigos, cuyo número aumentaba o disminuía en función de las coyunturas económicas. e) Esclavos. Su importancia fue grande. Se destinaban a las actividades agrícolas o al servicio doméstico. Su procedencia era África (beréberes y negros). Los beréberes eran especialmente numerosos en Lanzarote y Fuerteventura, donde suplieron la falta de población nativa. Su origen se debe a las expediciones (cabalgadas) emprendidas desde estas islas para capturar esclavos en la vecina costa africana. Los esclavos negros eran empleados en las plantaciones de caña de azúcar de Tenerife, Gran Canaria y La Palma. Salvo excepciones, la esclavitud no tuvo una relevancia demográfica muy significativa y a partir de la decadencia del cultivo del azúcar el número de esclavos se redujo considerablemente, bien por no ser rentable su adquisición, o bien por manumisión, en este caso ocuparon los escalones más bajos de la sociedad y sus descendientes acabaron mezclándose con el resto de la población.

La Economía

Durante estos tres siglos, la agricultura constituyó el soporte económico fundamental de las islas. Junto a la agricultura destinada al abastecimiento interno, convivía otra destinada a la exportación, representada por el cultivo de la caña de azúcar y el vino.

La agricultura destinada al consumo interno. Los productos básicos de esta agricultura eran los cereales, que alcanzaron un notable desarrollo en el siglo XVI, al constituir la base alimenticia fundamental de los canarios. Al cultivo de los cereales se dedicaba buena parte de las tierras de medianías. Los cereales cultivados fueron el trigo, la cebada y, en menor medida el centeno. Algunas islas, como Lanzarote, Tenerife, Fuerteventura y La Palma fueron excedentarias. Gran Canaria, por el contrario, era deficitaria en cereales y necesitaba importarlos desde otras islas.

Durante el siglo XVII, aunque se mantiene la importancia de los cereales dentro de la agricultura canaria, se produjeron algunos cambios que afectaron especialmente a Tenerife y La Palma, donde la expansión de la viña en perjuicio de los cereales convirtió a estas islas, especialmente Tenerife, en deficitarias, siendo necesaria la importación desde Fuerteventura y Lanzarote e incluso desde Marruecos.

En el siglo XVIII, la crisis del vino permitió una cierta recuperación de los cereales en Tenerife y La Palma, pero no pudieron compensar las pérdidas en la venta de vinos lo que afectó negativamente al conjunto de estas dos islas a pesar de la permanente búsqueda de nuevos mercados en Holanda y más tarde en los EEUU. Al mismo tiempo comenzaron a extenderse nuevos productos agrícolas de origen americano como fueron las papas, el millo o los tomates, que progresivamente fueron ocupando mayor espacio agrícola y constituyendo un elemento de diversificación de la dieta de los canarios. La introducción de estos nuevos cultivos con gran éxito motivó un notable relanzamiento de la economía de Gran Canaria, mientras que en Lanzarote prosperaba la viticultura en las zonas de reciente actividad volcánica lo que permitió a esta isla experimentar también un gran crecimiento.

La agricultura de exportación. Paralelamente al desarrollo de la agricultura de subsistencia, Canarias conoció otra modalidad agrícola de alta rentabilidad económica, destinada a la exportación hacia los mercados europeos y americanos: el ciclo del azúcar y el ciclo del vino.

Inmediatamente después de la conquista, y durante la primera mitad del siglo XVI, se implantó en Canarias el cultivo de la caña de azúcar, introducido desde Madeira. Tuvo una gran expansión en Gran Canaria donde ocupó buena parte de las tierras del norte y este de la isla hasta los 500 metros sobre el nivel del mar. También adquirió importancia en las islas de Tenerife, La Palma y La Gomera.

Se trató de un cultivo de regadío que consumía grandes cantidades de agua y agotaba los suelos, por lo que requería permanentemente roturar nuevas tierras. Por otro lado, para la obtención del azúcar se requería el consumo de grandes cantidades de madera durante el proceso de cocción de la pulpa. Tres recursos escasos en las islas y, por tanto factores que contribuyeron a encarecer el producto.

El destino de la producción era la exportación hacia la Península Ibérica, Flandes, Francia y Génova. El control de este comercio estaba en manos de comerciantes extranjeros, especialmente genoveses y flamencos.

La rentabilidad del azúcar canario se mantuvo hasta que este cultivo se introdujo en América y comenzó a ser exportado hacia Europa. El menor coste de la producción americana determinará a mediados del siglo XVI el hundimiento del sector azucarero, afectando gravemente a la isla de Gran Canaria.

Tras la crisis del ciclo del azúcar, el vino se convirtió en el producto fundamental de las exportaciones canarias, a finales del siglo XVI, pero especialmente durante el siglo XVII. El auge vitivinícola coincidió con un periodo de precios altos que convirtieron en altamente rentable la producción canaria.

Las islas principalmente beneficiadas fueron Tenerife y La Palma, donde se amplió la superficie destinada a viñedos a costa de los cereales y la caña de azúcar. La producción vinícola en Tenerife a fines del siglo XVII llegó a alcanzar las 30.000 pipas (una pipa equivale a 480 litros) anuales.

El vino era exportado a Flandes, Francia, la España peninsular pero especialmente a Inglaterra donde los caldos canarios gozaban de gran prestigio. También se vendía vino canario en las colonias inglesas de América. El control de este comercio estuvo inicialmente en manos de judeoconversos y algunos comerciantes sevillanos a los que más tarde se sumaron comerciantes ingleses, holandeses y franceses.

El ciclo del vino entró en crisis a partir de 1680, cuando los vinos portugueses comenzaron a desplazar a los canarios en el mercado británico. La crisis económica consiguiente se dejó sentir con intensidad en Tenerife, una de cuyas manifestaciones fue el estancamiento demográfico como consecuencia de la emigración hacia otras islas o hacia las colonias españolas en América.

El Comercio

Cabe hacer una distinción entre el comercio interior y el gran comercio o comercio exterior.

El comercio interinsular favoreció la circulación de bienes, sobre todo de productos agrícolas. Las islas relacionadas con el exterior gracias a las exportaciones de vino y azúcar (Tenerife, La Palma y Gran Canaria), actuaron como redistribuidoras de manufacturas procedentes del exterior hacia el resto del archipiélago.

El grueso de los intercambios comerciales con el exterior durante los siglos XVI y XVII, se realizaron con Europa. El azúcar fue el producto fundamental de exportación de Canarias durante el siglo XVI. Los destinos del azúcar canario eran los puertos de Génova y Flandes. A cambio se recibían tejidos, herramientas, objetos suntuarios y manufacturas varias. La Península, especialmente Castilla recibía azúcar, orchilla, cereales y cueros.

En la segunda mitad del siglo y durante la mayor parte del siglo XVII, el tráfico cambió de rumbo, reorientándose hacia Inglaterra, a donde se exportaba vino.

Existió durante estos dos siglos un comercio, generalmente ilegal, con América, dado el control que la Casa de Contratación ejercía en todo tipo de transacción comercial con el continente americano.

A América se exportaba vino, vinagre, conservas de pera, membrillo, frutos secos, etc. Y se importaba cacao, tabaco, palo del Brasil y muebles. Las leyes de libre comercio del siglo XVIII constituyeron un estímulo a los intercambios comerciales con aquel continente. Especial relevancia tuvo el Reglamento Real de 1718 que liberalizó las relaciones comerciales entre Canarias y América, que imponía la condición de enviar a aquel continente cinco familias canarias de cinco miembros por cada cien toneladas de mercancías exportadas. El reglamento real institucionalizaba una práctica obligatoria llevada a cabo desde 1678. A este tipo de emigración se le conoce como tributo de sangre.

La Emigración

Si bien la emigración de canarios hacia América fue constante desde el momento del descubrimiento, será a partir del siglo XVIII cuando ésta adquiera mayor importancia. El Reglamento Real de 1718 fijaba la obligación de enviar cinco familias a América por cada cien toneladas de mercancías exportadas. Esta emigración respondía a necesidades estratégicas de la Corona española, obligada a consolidar sus posesiones en América amenazadas por ingleses, franceses y portugueses. De esta forma, y con colonos oriundos de Canarias, se fundó Montevideo, para frenar la expansión portuguesa desde el sur de Brasil hacia el estuario del Río de la Plata y San Antonio en Texas para consolidar la dominación española al norte del río Grande. También se establecieron colonos canarios en Florida, Cuba, Luisiana y California. El resultado de aquella emigración es aún visible en Luisiana, donde perviven comunidades hispanohablantes, descendientes de los primitivos colonos canarios. Tanto en este caso como en San Antonio de Texas, estos norteamericanos mantienen contactos con la tierra de sus ancestros y manifiestan el orgullo de ser isleños. Con los canarios llegaron al Nuevo Mundo muchas de las tradiciones y festejos de las islas, entre ellos la festividad de Nuestra Señora de la Candelaria (Patrona de Canarias), que es celebrada cada año por los canarios tanto en Canarias como en otras partes de Latinoamérica. Actualmente la Virgen de Candelaria está presente en toda la América Hispana, siendo además la segunda advocación mariana más venerada en América tras la Virgen de Guadalupe de México.2

Además de la imposición legal, existían otras razones que obligaron a los canarios a emigrar durante estos siglos: las crisis campesinas, el exceso demográfico, etc., emigraciones que se intensificaban en los momentos de crisis económica.

Los ataques piratas

Una consecuencia inmediata de la incorporación de Canarias a la Corona de Castilla, fue que sufrió los efectos de los conflictos internacionales en los que ésta se vio involucrada.

Canarias constituía una base fundamental en las comunicaciones de la Corona con América, de donde procedían el oro y la plata que permitían a la Corona mantener su política de hegemonía europea durante todo el siglo XVI y buena parte del siglo XVII. Por otro lado, su lejanía de la península la convertía en un territorio vulnerable y expuesto a los ataques de aquellas potencias rivales de la corona: ingleses, franceses, holandeses y turcos.

Como consecuencia de lo anteriormente expuesto, las islas sufrieron, a lo largo de los tres siglos que estamos estudiando, una serie continuada de ataques, piráticos, en algunos casos, y otros organizados y planificados como parte de las guerras que libraba la Corona con sus rivales.

Los primeros ataques sufridos por las islas tuvieron lugar a partir de 1520. Se trata de ataques de piratas franceses, como el dirigido por François Leclerc, conocido como “Pata de Palo”, quien atacó y saqueó Santa Cruz de La Palma y San Sebastián de La Gomera en 1553.

Por otro lado y en el contexto de la rivalidad por el control del Mediterráneo occidental, entre la Corona de Castilla y el Imperio Turco, se intensificaron los ataques de piratas berberiscos que, actuando a las órdenes de las autoridades turcas de Argel, arrasaron en varias ocasiones las islas de Lanzarote y Fuerteventura. En uno de estos ataques dirigido por Xabán Arraez en 1593, Betancuria fue destruida y una parte de la población majorera fue capturada y esclavizada. Otro tanto ocurrió con los ataques piráticos a Lanzarote. Estos ataques se prolongaron durante los siglos XVI y XVII y en muchos casos respondían a respuestas de castigo por las expediciones organizadas desde Canarias para capturar esclavos en la vecina costa de África.

Durante los años de la guerra de la Corona de Castilla contra los holandeses en lucha por su independencia, la ciudad de Las Palmas sufrió en 1599 un ataque dirigido por el almirante Van der Doez, quien con una flota numerosa, llevó a cabo el ataque más grave sufrido por las islas. El ataque se completó con la conquista de la ciudad y la retirada de su población hacia el interior de la isla. Las milicias insulares lograron en Tafira frenar el avance holandés hacia el interior de la isla y obligaron a los invasores a replegarse hacia Las Palmas de donde se retiraron después de destruirla parcialmente. Antes de volver a sus bases en Holanda, atacaron y saquearon San Sebastián de La Gomera y Santa Cruz de La Palma.

Las continuas guerras con Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XVI y durante el siglo XVIII, supusieron el continuo ataque de flotas inglesas a las islas, destacando las intervenciones de Drake o Hawkins. Fue en 1740, durante la guerra anglo-española, que corsarios ingleses desembarcan en el actual pueblo de Gran Tarajal (Fuerteventura) para adentrarse en el interior y saquear el pueblo de Tuineje. Sin embargo, y a pesar de su desventaja en armamento, los nativos consiguen una victoria sobre los invasores. Meses más tarde se vuelven a reproducir los acontecimientos con igual resultado. Esta batalla se conoce como Batalla de Tamasite. Pero el último de los ataques dirigidos contra las islas lo llevó a cabo Horacio Nelson, quien, atacó Santa Cruz de Tenerife el 25 de julio de 1797, dentro del conflicto que libraba Inglaterra contra Francia y su aliada, España. Nelson atacó con una flota numerosa y con abundantes tropas que lograron desembarcar en la ciudad. Las milicias insulares, responsables de la defensa de la isla pudieron resistir e impedir la conquista de Santa Cruz de Tenerife. Nelson resultó herido, a consecuencia de lo cual perdió el brazo derecho. Los británicos tuvieron que capitular, permitiendo las autoridades tinerfeñas el reembarque de los británicos que habían sido capturados.

Las consecuencias de aquellos ataques fueron, por un lado, la construcción de una amplia red de fortines y castillos defensivos en las costas de Canarias, cuya finalidad era impedir los ataques y la conquista de las islas por alguna potencia extranjera enemiga de la Corona de Castilla. Otra consecuencia fue la localización de los principales núcleos de población en el interior de las islas, lejos de la costa donde eran presas fáciles de los ataques.

Inicios del siglo XX

A principios del siglo XX es introducido en Canarias por los ingleses un nuevo monocultivo que será el plátano, cuya exportación estará controlada por compañías comerciales como Fyffes, siendo Inglaterra el principal mercado para la fruta. Inglaterra también invertirá en la construcción del puerto de Santa Cruz de Tenerife y el Puerto de la Luz en Las Palmas de Gran Canaria, para disponer de puertos carboneros y de escala con vista a la colonización inglesa del continente africano.

La sociedad canaria sigue siendo fundamentalmente agraria, pero ya comienza a aparecer un proletariado urbano, que llevará al nacimiento de las primeras organizaciones obreras canarias. De todas maneras, debido precisamente al prácticamente nulo desarrollo industrial de Canarias, la aparición de un movimiento obrero fue bastante tardía, y en su inicio estaría formado más por artesanos que por proletarios. En aquellos momentos domina el caciquismo, y los terratenientes y aguatenientes dominan gran parte de la vida social y política de la población.

La rivalidad entre las élites de las ciudades de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria por la capitalidad de las islas, que se encontraba en la primera, llevará a que en 1927 se lleve a cabo la división del archipiélago en dos provincias, si bien esto no anulará esa rivalidad, que continúa hasta hoy en día.

Segunda República

Durante la Segunda República comienzan a aparecer y desarrollarse organizaciones obreras de ideología marxista o anarquista, destacando figuras como José Miguel Pérez o Guillermo Ascanio. Sin embargo, a excepción de algunos municipios, esas organizaciones no serán mayoritarias. Otros políticos canarios que destacarán en este periodo serán José Franchy y Roca y Juan Negrín López.

Guerra civil y dictadura franquista

En 1936 Francisco Franco se encontraba destinado en Canarias como Comandante General. Este nombramiento se debió a la política del gobierno de la república de dispersar hacia las zonas periféricas a aquellos altos cargos militares de tendencia conservadora que pudieran llevar a cabo un golpe militar. Sin embargo, esta política no valdrá de mucho, y será Canarias desde donde Franco inicie la sublevación militar el 17 de julio, declarando el Estado de Guerra en todo el archipiélago al día siguiente.3

Los sublevados tomarán rápidamente el control de todo el archipiélago, a excepción de algunos focos de resistencia en la isla de La Palma (resistencia denominada la “Semana Roja” palmera) y en el pueblo de Vallehermoso, en La Gomera, que duró hasta el 24 de julio.4 A pesar de que en las islas no hubo guerra propiamente dicha, fue uno de los lugares donde la represión alcanzó cotas más altas.

Durante la postguerra, al igual que el resto del estado, Canarias padece un periodo de crisis donde el hambre y la miseria son frecuentes. Se produce de nuevo una oleada migratoria hacia Venezuela.

Hacia los años 70 comienza a producirse un cambio en la economía canaria con el auge del turismo. A partir de esos momentos la ganadería y la agricultura entrarán en un retroceso, a excepción de los monocultivos de exportación del plátano y el tomate.

La oposición al régimen franquista tuvo varias fases, pero no podrá consolidarse hasta finales de los años 50, destacando el Partido Comunista de España, a quien acompañarán ya en los 60 grupos y movimientos de carácter antifranquista, nacionalista e independentista de izquierda como Canarias Libre y el MPAIAC.

Transición y formación de la autonomía

Tras la muerte de Franco y la instauración de un régimen democrático de Monarquía Parlamentaria, se planteó la creación de un estatuto de autonomía para el archipiélago, estatuto que fue aprobado en el año 1982. Durante estos primeros años los principales partidos políticos de Canarias serán el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), la Unión de Centro Democrático (UCD), y la Unión del Pueblo Canario (UPC).

En 1983 se celebran las primeras elecciones autonómicas, las cuales fueron ganadas por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). El 30 de mayo de ese año se celebra la primera sesión del Parlamento de Canarias (el Día de Canarias se celebra en recuerdo de esa fecha). Desde 1995 gobierna Coalición Canaria, formación que se autodefine como nacionalista, nacida de la confluencia de fuerzas nacionalistas progresistas, conservadoras, autonomistas e insularistas, que ha llegado a pactos estables o acuerdos puntuales con los otros dos grandes partidos del panorama político canario actual: el Partido Socialista Canario-PSOE y el Partido Popular.

El término guanche con el que hoy se conoce a los aborígenes del Archipiélago canario pertenece en realidad a los pobladores de Tenerife, que en el momento de la conquista eran alrededor de 15.000. Tenían la Isla dividida en nueve demarcaciones, cada una con su jefe o mencey. Tenerife es la última isla canaria que se conquista para los Reyes Católicos. Encargada la empresa a Alonso Fernández de Lugo, la historia tiene dos capítulos.

La primera vez que las tropas llegan en 1494 sufren una derrota espectacular en La Matanza y se retiran. Un año después, Fernández de Lugo regresa con un nuevo ejército capaz, esta vez, de doblegar a los guanches.

La colonización se realiza merced a una sociedad abierta compuesta por castellanos, principalmente, pero también por portugueses e italianos, a los que el Adelantado reparte tierras.

La caña de azúcar fue el único cultivo implantado con intención exportadora que, a mediados del XVI, poco a poco iría cediendo espacio y peso al vino, al famoso malvasía, de forma que el comercio -dirigido hacia Europa, las colonias portuguesas y las Indias españolas- se convirtió en la pieza clave de la economía insular. Este esplendor, sin embargo, comienza a decaer en las últimas décadas del siglo XVII, y en la tercera decena del XVIII es ya irreversible.

La emigración a América se convierte así en una de las soluciones más utilizadas por la población tanto durante este periodo como en los venideros. Son tinerfeños los fundadores de Montevideo (Uruguay), San Antonio de Texas y San Bernardo (Luisiana, EEUU).

Los comienzos del siglo ilustrado no son mejores para la Isla: se repiten las malas cosechas, los terremotos, se registran erupciones volcánicas y las invasiones piráticas como las de los ingleses Jennings y Nelson en 1706 y 1797 respectivamente.

La cultura dieciochesca representa una etapa de esplendor. Destacan figuras como Cristóbal del Hoyo, Tomás Iriarte o el polígrafo José de Viera y Clavijo y ven la luz las primeras publicaciones del Archipiélago.

Políticamente el centro de gravedad se va desplazando, junto con la vida mercantil, desde La Laguna al puerto de Santa Cruz, que se convierte en Ayuntamiento en 1803. Más adelante, en el sexenio 1817-1823, La Laguna pasa a ser sede de la diócesis nivariense y de la Universidad de San Fernando mientras que Santa Cruz de Tenerife se erige en centro del Archipiélago al fijarse allí la capitanía general y la capital de la recién creada provincia de Canarias.

El pleito insular con Gran Canaria surge entonces. Ese enfrentamiento por la designación de la capital canaria no acabaría hasta la promulgación del Estatuto de Autonomía de Canarias en 1982, que determinó la doble capitalidad. Ni siquiera la aprobación en 1927 de la división provincial puso fin a los piques entre una y otra isla.

A pesar de todo, el pleito revitalizó la vida política de Tenerife y, con ella, la cultural y sindical. Se modernizó social y económicamente gracias al modelo puertofranquista y a la influencia británica. También a finales del XIX se inició el cultivo del plátano, que se convirtió, de inmediato, en la principal producción agraria del Archipiélago.

El predominio británico en la Isla pone los cimientos de una temprana actividad turística. No en vano, el Cabildo constituye en 1921 la Junta Insular de Turismo. Sin embargo, la industria turística se iniciaría realmente, como en el resto de Canarias, en la década de los 60. Hoy es el motor económico de Tenerife.

Políticamente, tras el paréntesis que supuso en todo el país la Guerra Civil y la situación derivada de ella, Tenerife logró colocarse en un primer plano con la constitución en Las Cañadas del Teide en 1978 de la Junta de Canarias. Asimismo, después de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Canarias, Santa Cruz de Tenerife se convierte en sede de la Cámara Legislativa regional y comparte capitalidad con Las Palmas de Gran Canaria.

La Historia de Tenerife, al igual que la de las Islas Canarias es una historia de aislamiento por la lejanía. Las Islas, ubicadas en el Atlántico, se ubican más allá de las Torres de Hércules, que significaban la llegada al Estrecho de Gibraltar y el fin del mundo, más allá, tal y como contaba la leyenda, el abismo.
Esto ha propiciado que la historia de Canarias haya sido escrita, en cierto modo, a partir de los viajes de Colón. Los nativos de Canarias eran los Guanches. Antes, hay escritos de la Época romana.
Los guanches son los verdaderos canarios, arraigados a esta tierra de volcanes, de clima tropical y de mucho sol. Puede que fueran de origen norteafricano y vivían de los frutos de la tierra, ya que no se les conoce tradición por la navegación.
En lo que a cultura se refiere, debemos destacar dos cuestiones concretas, por un lado, la tradición escultórica, por otro lado el folclore. Sobre la escultura, Tenerife tiene en el sevillano Martín de Andujar a uno de sus principales valedores, así como Rodríguez de la Olviva, Luján Pérez o Fernando Esteve, todos ellos le dieron a Tenerife grandes obras a partir del Siglo XVII.
Históricamente, un hecho puede ser destacado en la historia tinerfeña, el ataque que sufrió por parte de la flota inglesa, al mando de Horacio Nelson, en 1797. Ese verano, Nelson atacó Santa Cruz, la capital tinerfeña, en una ofensiva que le costó un brazo y la pérdida de la batalla.
A partir de ahí, y en el último siglo, muchos han sido los visitantes que ha tenido la Isla, visitantes no tan hostiles como Nelson, de la talla de .,Alexander von Humboldt (Naturalista), visitas que hicieron de Santa Cruz, y de la Isla, un destino turístico de primer nivel, de primer orden.
En lo que a folclore se refiere, las influencias españolas y portuguesas han marcado el devenir de este arte, siempre fundido con la influencia guanche. La música y los bailes típicos canarios son, por tanto, la fusión de los ritmos hispanos, locales, portugueses y latinoamericanos, de todos ellos, surge el folclore canario, amenizado con una pequeña guitarra de cuatro o cinco cuerdas.
La gran cita del folclore canario tiene lugar en el mes de septiembre en La Laguna con el Festival Sabandeño. Otras citas son el Festival Internacional de Folclore, que se celebra en la Playa de los Cristianos en Agosto.
La historia de Tenerife también está ligada a los volcanes, de hecho, no hace ni cien años de la última erupción que tuvo lugar en esta Isla Canaria, concretamente en 1909, con el volcán de Chinyero. Esa explosión fue el 18 de noviembre, y durante 10 horas tuvo en vilo a toda la población.
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WEBS de interés:
http://www.museosdetenerife.org
http://www.fincalaconcepcion.es (Agroturismo. Agricultura y Ganadería Ecológica)

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